El Romanticismo español presenta rasgos distintivos que lo diferencian de otros movimientos europeos, aunque comparte con ellos la ruptura frente al racionalismo ilustrado. Una característica fundamental es el subjetivismo extremo y la expresión desbordada de los sentimientos personales. Los autores románticos españoles colocan al yo en el centro de la creación literaria, manifestando pasiones intensas, melancolía, desengaño amoroso y angustia existencial. Esta introspección se refleja claramente en poetas como Gustavo Adolfo Bécquer, cuyas Rimas exploran con delicadeza los estados del alma.
La rebeldía contra las reglas neoclásicas constituye otro pilar esencial. Los románticos españoles rechazan las tres unidades dramáticas de tiempo, lugar y acción que dominaron el teatro del siglo XVIII. Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas mezcla verso y prosa, combina lo trágico con lo cómico y desarrolla múltiples escenarios, desafiando abiertamente las convenciones establecidas.
El nacionalismo histórico alcanza especial relevancia en España. Los escritores románticos rescatan el pasado medieval, las leyendas populares y los episodios históricos nacionales como fuente de inspiración. José Zorrilla recrea mitos como Don Juan Tenorio, mientras que las leyendas de Bécquer recuperan tradiciones regionales con ambientación gótica y sobrenatural. Esta mirada al pasado responde a la necesidad de afirmar la identidad española tras la crisis política de principios del siglo XIX.
La naturaleza adquiere protagonismo como reflejo del estado anímico del autor. Los paisajes sombríos, tormentosos o agrestes expresan la turbulencia interior de los personajes. Espronceda describe escenarios oscuros y misteriosos en El estudiante de Salamanca, donde la ambientación nocturna y tenebrosa acompaña el destino trágico del protagonista.
La marginalidad social también caracteriza al Romanticismo español. Los personajes románticos suelen ser seres inadaptados, rebeldes o proscritos que desafían las normas sociales. El pirata de Espronceda encarna la libertad absoluta frente a las convenciones, mientras que Don Álvaro representa al héroe marcado por un destino fatal e inevitable.
Finalmente, el conflicto entre libertad y destino genera la tensión dramática característica. Los protagonistas románticos luchan por su libertad individual pero se enfrentan a fuerzas superiores que los condenan, creando ese tono pesimista y fatalista tan reconocible en la literatura romántica española del siglo XIX.