Elegir ejercicios de física según la dificultad no va tanto por el título del tema como por el tipo de razonamiento que te exige cada problema. Yo lo ordenaría en tres niveles muy claros. El primero son los ejercicios de aplicación directa, donde solo necesitas identificar la fórmula correcta y sustituir datos. El segundo ya mezcla dos ideas o pide interpretar el enunciado con cuidado. El tercero exige combinar conceptos, hacer varios pasos, usar gráficos o plantear el problema desde cero. Si los separas así, avanzas sin saltarte escalones.
Un buen criterio es fijarte en cuántas decisiones tienes que tomar antes de empezar a calcular. Si el ejercicio te dice casi todo y solo tienes que operar, es básico. Si tienes que decidir qué ley usar, qué variables faltan o en qué orden resolverlo, ya sube un poco. Si además hay que hacer un dibujo, descomponer fuerzas, analizar unidades o revisar si el resultado tiene sentido físico, entonces está en un nivel medio o alto. Por ejemplo, no es lo mismo calcular la velocidad final con una fórmula ya dada que resolver un movimiento con rozamiento, plano inclinado y cambio de referencia.
También ayuda mucho revisar el tipo de error que podrías cometer. Un problema es fácil si el fallo típico sería solo de حسابo, como una multiplicación mal hecha. En cambio, si el error más probable es conceptual, como confundir aceleración con velocidad o fuerza neta con fuerza aplicada, el ejercicio ya merece más atención. Esos problemas son útiles porque te obligan a pensar de verdad, pero conviene hacerlos después de dominar lo básico.
Yo suelo usar una progresión simple: primero cinco o seis ejercicios muy parecidos entre sí, luego otros donde cambie un dato o una condición, y después uno o dos más completos. Así notas si realmente entendiste o solo memorizaste el procedimiento. Si resuelves bien los fáciles pero fallas en los intermedios, no significa que “no sirves para física”; normalmente significa que te falta reconocer patrones y traducir el enunciado a ideas físicas.
Otra cosa que funciona es clasificar por tiempo, no solo por tema. Si un ejercicio te lleva menos de cinco minutos y casi no necesitas revisar apuntes, es de entrada. Si te toma entre diez y quince minutos y tienes que volver a leer el enunciado varias veces, ya es intermedio. Si te quedas atascado más de veinte minutos sin avanzar, probablemente es demasiado avanzado para ese momento y conviene dejarlo para después. Eso evita frustrarte y te ayuda a estudiar con más orden.
En resumen, elige ejercicios por cantidad de pasos, nivel de decisión conceptual y probabilidad de error. Empieza por los que consolidan una idea, luego sube a los que mezclan dos conceptos y termina con problemas largos o más abiertos. Si quieres progresar rápido, no saltes de los más simples a los más difíciles de golpe; mejor sube de uno en uno. Quien estudie física de forma constante suele avanzar más por esa escalera que por intentar resolver todo de inmediato.