Elegir entre resúmenes y ejercicios depende más de cómo te van a evaluar y de cuánto tiempo tienes que de una “mejor técnica” universal. Si el examen pide recordar definiciones, fechas o ideas ordenadas, un resumen bien hecho puede ayudarte a entender y a fijar la información. En cambio, si el examen exige resolver problemas, interpretar textos o responder con rapidez, practicar preguntas y ejercicios suele dar mucho más rendimiento. Por eso, antes de decidir, conviene mirar el tipo de examen y pensar en lo que realmente te van a pedir el día de la prueba.
Si estás corto de tiempo, yo no me quedaría solo con resúmenes. Muchas personas pasan horas reescribiendo apuntes y luego, al enfrentarse al examen, descubren que saben “leer” el contenido pero no recordarlo sin ver la hoja. Los resúmenes sirven mejor cuando se usan como herramienta de comprensión y repaso rápido, no como único método. Por ejemplo, puedes hacer un resumen de una unidad en 20 o 30 minutos, pero después deberías cerrar el cuaderno e intentar explicar el tema en voz alta o responder preguntas sin mirar. Ahí es donde notas de verdad qué sabes y qué no.
Los ejercicios, por su parte, obligan al cerebro a recuperar información, y eso suele fijarla mejor. Si puedes conseguir exámenes de años anteriores, cuestionarios, problemas resueltos o incluso inventarte preguntas a partir del temario, vas a ganar seguridad. Además, te ayuda a detectar fallos concretos: confundir conceptos, olvidar pasos, contestar demasiado largo o quedarte sin tiempo. Eso no se ve tan bien con un resumen tradicional.
Lo que mejor funciona en la mayoría de los casos es combinar ambos métodos, pero sin repartir el tiempo al cincuenta por ciento si vas justo. Una estrategia práctica sería dedicar una primera pasada breve a resumir solo lo esencial, y luego invertir la mayor parte del tiempo en practicar. Por ejemplo, si tienes 4 horas, podrías usar 1 hora para ordenar ideas clave y 3 horas para ejercicios, preguntas y repasos activos. Si el examen es teórico, podrías invertir algo más en repaso de memoria, pero aun así conviene comprobarte con preguntas.
También ayuda estudiar en bloques cortos. Repasas un tema, haces 5 o 10 preguntas sobre él, corriges errores y vuelves a intentarlo. Así evitas caer en la falsa sensación de control que dan los apuntes bonitos. Si un método te hace sentir ocupado pero no te deja responder sin mirar, probablemente no sea el principal para estas últimas semanas.
En resumen, si dudas entre dos métodos, elige el que más se parezca a la forma en que te van a examinar. Y si puedes, usa resúmenes para ordenar y ejercicios para consolidar. Esa mezcla suele dar mejores resultados que apostar todo a una sola técnica.