Para entender realmente por qué estalló la Revolución Rusa en 1917, tenés que mirar la situación que vivía Rusia desde hacía décadas. El imperio zarista bajo Nicolás II era absolutamente autoritario, sin parlamento real que funcionara ni participación política de la población. La gente simplemente no tenía voz en las decisiones que la afectaban directamente.
La economía estaba hecha un desastre. A pesar de que Rusia era una potencia territorial enorme, su industrialización llegaba muy lentamente comparada con otros países europeos. Los campesinos, que eran la mayoría de la población, vivían en condiciones prácticamente medievales, atados a sistemas de trabajo muy explotadores. Los obreros de las ciudades ganaban salarios miserables y trabajaban entre 10 y 12 horas diarias en fábricas sin protección alguna.
Pero el catalizador definitivo fue la Primera Guerra Mundial. Nicolás II cometió el error de entrar en un conflicto que Rusia no estaba preparada para sostener. Entre 1914 y 1917, el país perdió aproximadamente 2 millones de soldados, cifra que te da una idea del desastre. Los hombres morían por miles en el frente sin equipamiento adecuado, mientras en casa faltaba comida y combustible para calefaccionar durante los inviernos brutales.
En 1916 y 1917 empezaron a escasear alimentos en Petrogrado. Los panaderos no tenían harina, los trabajadores se moría de hambre, y el descontento creció exponencialmente. La gente estaba cansada, hambrienta, fría y furiosa. El zar había puesto al mando de las tropas a generales incompetentes y él mismo estaba alejado de Petrogrado, lo que lo desconectaba completamente de la realidad que vivía su pueblo.
Los revolucionarios bolcheviques, liderados por Lenin, aprovecharon brillantemente esta situación. Prometían paz, tierra y pan, consignas simples pero que resonaban exactamente con lo que la gente necesitaba. Los soviets, que eran consejos de obreros y soldados, ganaban influencia día tras día porque representaban a los trabajadores de verdad.
El ejército zarista estaba demoralizadísimo. Los soldados no querían seguir peleando una guerra sin sentido. Cuando en febrero de 1917 el zar ordenó disparar contra manifestantes en Petrogrado, muchos soldados se negaron. Algunos incluso se pusieron del lado de los revolucionarios. Sin el apoyo del ejército, el régimen zarista colapsó en cuestión de días.