Las alianzas militares fueron el mecanismo principal que convirtió el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo el 28 de junio de 1914 en una conflagración que involucró a prácticamente toda Europa. Estas alianzas crearon un sistema rígido de compromisos que eliminó la flexibilidad diplomática cuando más se necesitaba.
El sistema de alianzas estaba dividido en dos bloques principales. Por un lado teníamos la Triple Alianza formada por Alemania, Austria-Hungría e Italia desde 1882, aunque Italia posteriormente se mantendría neutral y luego cambiaría de bando. Por otro lado estaba la Triple Entente, que agrupaba a Francia, Rusia y Gran Bretaña desde 1907, aunque esta última tenía compromisos menos formales que las otras dos.
Cuando Austria-Hungría presentó su ultimátum a Serbia el 23 de julio de 1914, el sistema de alianzas comenzó a funcionar como fichas de dominó. Rusia, que se consideraba protectora de los pueblos eslavos y tenía intereses estratégicos en los Balcanes, comenzó la movilización parcial de sus tropas el 29 de julio en apoyo a Serbia. Esto activó inmediatamente la respuesta alemana, ya que el plan Schlieffen alemán dependía de atacar primero a Francia antes de que Rusia pudiera movilizar completamente su enorme pero lento ejército.
Alemania declaró la guerra a Rusia el 1 de agosto y a Francia el 3 de agosto. La invasión alemana de Bélgica, necesaria según el plan Schlieffen para atacar Francia por el norte, violó la neutralidad belga que Gran Bretaña había garantizado desde 1839. Esto proporcionó el pretexto que los británicos necesitaban para declarar la guerra a Alemania el 4 de agosto.
Lo crucial aquí es que muchos de estos tratados incluían cláusulas de movilización automática. Los planes militares de cada país estaban tan estrechamente vinculados a los calendarios de movilización que cualquier demora se consideraba peligrosa. Una vez que Rusia ordenó la movilización general el 30 de julio, el sistema de alianzas transformó lo que pudo haber sido una guerra localizada en los Balcanes en un conflicto europeo total.
Las alianzas también crearon una mentalidad de bloques opuestos durante las décadas anteriores a 1914, alimentando la carrera armamentista y la desconfianza mutua. Los países sintieron que necesitaban apoyar a sus aliados sin importar las circunstancias, porque abandonarlos significaría quedarse aislados frente a enemigos poderosos. Esta lógica de seguridad colectiva paradójicamente hizo que Europa fuera menos segura, no más.